El ombligo es una de las zonas corporales más elegidas para ponerse un piercing, especialmente entre las más jóvenes. Sin duda, lucir un pequeño diamante en el centro del vientre puede resultar muy bello y atractivo. Pero además de la estética, hay que tener en cuenta la salud antes de ponérselo.
El dolor que puede aparecer al hacer la perforación en la piel situado encima del ombligo -con una aguja- es muy subjetivo, ya que depende del umbral del dolor de cada persona. Generalmente, se trata de un dolor de intensidad normal, pero si la joya o pendiente hipoalergénico que se inserta se hace de la manera correcta, el dolor desaparecerá enseguida. Sin embargo, como todas las pequeñas heridas, durante los primeros días podemos notar la zona del ombligo dolorida, por lo que hay que extremar sus cuidados.
La persona que se realiza el piercing no se lo cura adecuadamente -el periodo de curación puede durar de 3 a 8 meses), por ejemplo, limpiando la zona, al menos, dos veces al día con jabón antibacteriano y agua -y bicarbonato de sodio durante la primera semana-, sobre todo si la zona está dolorida

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